¡NUNCA MAS!
¡Nunca mas! ¡Nunca mas! ¡Cuanto vacío!
¡Lo que no ha de volver ! ¡ Desolación !
¡Que inmensa soledad y cuanto frío
se siente en el desierto corazón!
Y cuanto miedo «de morir, Dios mío,
cuanto temor por nuestra redención,
las mismas ansias de Rubén Darío
y una sed infinita de ilusión.
¡Nunca mas! ¡Nunca mas! Cuanto sarcasmo
frente a la vida de burdo! y orgasmo
de aquel que canta a Pan en su laud,
Caminar lentamente hacía la muerte
como c\ pobre Verlaine, el alma inerte,
y llorar por la extinta juventud