Otro a la muerte del mismo rey, sobre la causa que le movió al matador

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

No pudo haber estrella que infamase

con tal inclinación sus rayos de oro,

ni a tanta majestad perdió el decoro

hora, por maliciosa que pasase.

Ni pudo haber deidad que se enojase

y diese tan vil causa a tanto lloro;

rayos vengan la ira al alto coro:

no era bien que un traidor se la vengase.

Gusto no pudo ser matar muriendo,

y menos interés, pues no respeta

la desesperación precio ni gloria.

Envidia del infierno fue, temiendo

que el ruido ronco de la guerra inquieta

despertara de España la memoria.