PAISAJE DE ABANICO
Las eses transparentes de los ríos en fuga
arrastran la coraza de una enorme tortuga,
mientras enseña un boa sus espiras de escamas
bajo del sol que lame los cielos con sus llamas.
Un caserón, al raso, dijérase que surca
la granja lugareña en grises desnudeces;
y el agua en el regato torbellina y bifurca
sus entrañas repletas de mimbres y de peces.
Camino de las trojes con sus perros guardianes,
van a las sementeras los nativos gañanes,
—los Cristos de la Raza, multiplicando panes.:—
No lejos, una nube de langostas desmiembra
el palay, que en la regia fecundidad de una hembra
primeriza, madura el fruto de la siembra...