Panteísmo
Los dos sentimos ímpetus reflejos,
oyendo, junto al mar, los fugitivos
sueños de Gluck, y por los tiempos viejos
rodaron en su tez oros furtivos
La luna hipnotizaba nimbos vivos,
surgiendo entre abismáticos espejos
Calló la orquesta y descendió a lo lejos
un enigma de puntos suspensivos
Luego: la inmensidad, el astro, el hondo
silencio, todo penetró hasta el fondo
de nuestro ser Un inaudito halago
de consubstanciación y aéreo giro
electrizónos, y hacia el éter vago
subimos en la gloria de un suspiro.