Pide al amor que, siquiera ya por inútil, le despida
Ya que pasó mi verde primavera,
Amor, en tu obediencia la alma mía;
ya que sintió mudada en nieve fría
los robos de la edad mi cabellera;
pues la vejez no puede, aunque yo quiera,
tarda, seguir tu leve fantasía,
permite que mi cuerpo, en algún día,
cuando lástima no, desprecio adquiera.
Si te he servido bien, cuando cansado
ya no puedo, ¡oh Amor!, por lo servido,
dame descanso, y quedaré premiado.
Concédeme algún ocio, persuadido
a que, estando de Lisi enamorado,
no le querré acertar, aunque le pido.