Pinceladas – III

By Rudolfo Figueroa

Ha tiempo que la lluvia bienhechora

no difunde la vida y la alegría,

que el enervante y caluroso día

viene después de festejada aurora

El sol vierte su lumbre caldeadota

del ancho cielo en la extensión vacía,

se retuerce el arbusto en agonía

y en los cauces el agua se vapora

Una tarde los míseros mortales,

pidiendo gracia en la feroz contienda

y buscando un alivio a tantos males,

lleva en aras de sencilla ofrenda,

a través de los áridos maizales

al tutelar patrono de la hacienda