Pinceladas – VIII

By Rudolfo Figueroa

¡Oh las tardes de junio Es un santuario

la tierra de flotantes oraciones

que ascienden a las límpidas regiones

como espirales blancas de incensario!

La ermita desde el pobre campanario

esparce sus aladas vibraciones,

y regresan, cantando los peones

de las fatigas del trabajo diario

De la florida y susurrante rama,

como un himno triunfal surge el gorjeo,

y entre tanto rumor que se derrama

predomina el monótono voceo

que pertinaz y quejumbroso llama

a las vacas mugientes al rodeo