Que a veces la esperanza engaña y a veces no

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

A consentir al fin en su porfía

vino una dama con su enamorado,

porque por su nariz hubo juzgado

que tanto a buena cuenta metería.

Mas al revés salió su profecía,

porque él tenía poco, ella sobrado;

de suerte que él quedaba tan holgado

que no sintió si entraba o si salía.

La dama, mal contenta, dijo: «¡Ay, triste!

¡Cuán mentirosa la nariz ha sido!»

Mas él la replicó, como hombre diestro:

«Ese defecto, amiga, no os contriste;

que si mi gran nariz os ha mentido,

a fe que a dicho la verdad lo vuestro.»