QUISICOSAS II CUADRO MAÑANERO
Amanece en el barrio. Desde el borde
del río vecinal al lugarejo,
suena el abecedario monocorde
de la rana y la marcha del cangrejo.
Un genuflexional talabartero,
asiento de la flema y de la grasa,
con el rostro redondo como un cero,
y una labrada tez como la pasa;
dispone de perfil, frente a un cachito
de cristal azogado, su incipiente
piel de antediluviano karabaw,
mientras leo en mi silla a voz en grito,
riéndome a mandíbula batiente,
La Degeneración de Max Nordau.