QUISICOSAS III A UNA
Date a mí cuerpo a cuerpo. Tú me endosas
tu tierno corazón y carne dura,
y adelantas al tiempo y a las cosas
nuestra concupiscencia prematura.
Te sorprendiera así, sacrificada,
¡oh! Anticristesa, en pasional calvario,
demostrando la nada de tu nada
en un estado semi-originario.
¿Qué más da? Tú amas; y el amor en todo
arroja hasta el Thabor o hunde hasta el lodo...
Tal el amor cristiano y neroniano...
Dios propio se hizo símil estrambótico
del hombre, como yo, sadista erótico,
me torno humano, demasiado humano.