Respuesta primera de la dama
Silvio, el voraz incendio que violento
en tu amoroso pecho se derrama,
de ardores juveniles, vulgar llama,
y de común pasión propio alimento
Lo esforzado acredita de tu aliento,
que con los imposibles más se inflama,
si es que más propiamente no se llama
de una loca ambición, justo tormento.
Pues transformar (¡qué error!) quieres altivo,
en tu noble arrogancia sin segundo,
el genio que me dio naturaleza;
advierte que ese empeño es excesivo,
porque más que el imperio, sí, del mundo,
la libertad estima mi belleza.