Roma y Cristo – IV
Sintiéronse en el aire nuevos ruidos
que, nuevas, le traían auras suaves,
como en nuevo vergel las nuevas aves
piar s sienten al hacer sus nidos
Ecos de himnos de paz jamás oídos,
jubilosos y tiernos cuanto suaves,
de los paganos templos en las naves
iban a resonar como gemidos.
En su torpe embriaguez los sintió Roma:
la loba despertó, y ansiosamente
del aura nueva olfateó el aroma;
y aunque no le ve aun y aun no le siente,
al nuevo sol que por Oriente asoma,
venteó al león, del aire en la corriente.