SABIHONDOS

By Manuel Bernabé

Es día. El Pásig, que bosteza, siente

sobre el lomo el cadáver de un maldito:

fué un criminal que, viendo su delito,

se sintió loco y se arrojó del puente.

Se hace cruces y cábalas la gente

en la orilla, los cascos y el distrito.

¿Quién el muerto será? tal era el grito

de aquella turba ignara e inocente.

A iluminar la página sombría

vienen el juez de paz, la policía

y el médico flemático y mohíno.

Examinan el ser, y aquellos sabios

—¡oh, pozos del saber!—abren los labios

diciendo:—"No es un hombre, no: es un chino."