SABIHONDOS
Es día. El Pásig, que bosteza, siente
sobre el lomo el cadáver de un maldito:
fué un criminal que, viendo su delito,
se sintió loco y se arrojó del puente.
Se hace cruces y cábalas la gente
en la orilla, los cascos y el distrito.
¿Quién el muerto será? tal era el grito
de aquella turba ignara e inocente.
A iluminar la página sombría
vienen el juez de paz, la policía
y el médico flemático y mohíno.
Examinan el ser, y aquellos sabios
—¡oh, pozos del saber!—abren los labios
diciendo:—"No es un hombre, no: es un chino."