Salmo 16 (XXVII)

By Francisco Gómez de Quevedo y Villegas

Bien te veo correr, tiempo ligero,

cual por ancho mar despalmada nave,

a más volar, como saeta o ave

que pasa sin dejar rastro o sendero.

Yo, dormido en mis daños, persevero,

tinto de manchas y de culpas grave;

aunque es forzoso que me limpie y lave

llanto y dolor, aguardo el día postrero.

Este no sé cuando vendrá; confío

que ha de tardar, y es ya quizá llegado,

y antes era pasado que creído.

Señor, tu soplo aliente mi albedrío

y limpie el alma, el corazón llagado,

cure, y a ablande el pecho endurecido.