SALVE, MAJESTAD
¿Majestad? ¡Por qué no! Vos sois reina
augusta del país de la ilusión;
es azul vuestra tierna peregrina
y tenéis por solio el corazón;
donde el odio no alcanza, ni la inquina
humana triunfa sobre la razón,
donde es amor y la canción divina,
tranquila y suave como una oración.
Porque vos sois mujer y yo poesía
por vuestro reino cante la armonía,
y siendo el amor la única verdad,
como en los cuentos de hadas, yo os deseo
un rey galante o un audaz Romeo.
Y por ser mujer, ¡Salve, Majestad!