Samaritana
Libre soy; mas dichoso cambiaría
esta mi libertad por tus cadenas
¡Oh, de tus manos dulces y morenas
la adorable y eterna tiranía!
Si yo tu esclavo fuese, te daría
todas mis horas, de tu imagen llenas,
toda la ardiente sangre de mis venas
y si pidiese más más todavía
Samaritana: el agua que yo quiero
entre las rosas de tus labios mana,
y es Dios el que te puso en mi sendero.
Ayer te amé; hoy te adoro; y si mañana
ves que, sediento de tu amor, me muero,
¿me darás de beber, Samaritana?