SAMPAGUITAS – I
¡Oh, qué adorables eran aquellas manecitas
suaves y virginales, blancas y temblorosas,
que me dieron un día celestes sampaguitas
de blancura eucarística, divinas, olorosas! . . .
Sampaguitas amigas de las morenas niñas,
prestigios inmortales de las patrias campiñas,"
quiero ahora cantaros en mis versos de amor;
y, al quereros cantar, en mi mente se asoma,
por vuestra celestial blancura de paloma,
el recuerdo sagrado del pendón tricolor!