Se murió el avaro

By Federico Bermúdez y Ortega

Se murió el avaro, y en la estancia oscura

donde yace el cuerpo sobre el tosco alambre

de una cama pobre, alguien asegura

que el avaro triste ¡se murió de hambre!

Una pobre vieja misericordiosa,

presa de congojas y crueles martirios,

a todos advierte, triste y pesarosa,

que hace falta incienso y hacen falta cirios.

Todos los curiosos se van alejando

de la pobre vieja, mientras va quedando

el avaro a oscuras y sin oración

Cuando al otro día fueron a enterrarlo

cuatro pordioseros, todos al mirarlo

pasar, ¡sonreían de satisfacción!