Serenamente gris

By Federico Bermúdez y Ortega

La lluvia, tornadiza como una polvareda,

más flota que desciende, serenamente gris

el viento, adormilado, sobre la tarde queda

y sobre los ramales la nébula sutil.

Cabalgan por el éter tristezas invernales,

y en la tranquila estancia, serenamente gris,

mientras la vaga niebla se asoma a los umbrales

¡te duermes en mi pecho como una flor de lis!

Tu joven pecho cándido me brinda sus latidos

y tus fragantes labios, dulces y sonreídos

me invitan para el beso romántico sutil,

y mientras que yo veo tus labios virginales,

envuelta en sus dolientes crespones invernales

muriendo va la tarde, ¡serenamente gris!