Sócrates

By Francisco «Delio» Iturrondo

¡Ay del mortal que la virtud adora!

¿Qué le valiera a Sócrates divino,

postrado ante sus aras de contino,

consagrarla su vida bienhechora?

Vanamente el filósofo atesora

vasto caudal de ciencia peregrino;

que el ateniense, de poseerle indino,

su gloria condenándole desdora

En venenosa envidia el pecho ardiendo,

le acusa de impiedad el cruel Melito

su crimen con tal máscara vistiendo:

Tan torpe imputación sostiene Anito;

fallan los jueces y a su fallo horrendo

sucumbe la virtud, triunfa el delito