Soneto a don Diego Rosel y Fuenllana, inventor de nuevas artes

By Miguel de Cervantes y Saavedra

Jamás en el jardín de Falerina

ni en la Pranasa, excesible cuesta,

se vio Rosel ni rosa cual es ésta

por quien gimió la maga Dragontina;

atrás deja la flor que se reclina

en la del Tronto archiducal floresta,

dejando olor por vía manifiesta

que a la región del cielo la avecina.

Crece, ¡oh muy felice planta!, crece,

y ocupen tus pimpollos todo el orbe;

retumbando, crujiendo y espantando;

el Betis calle, pues el Po enmudece,

y la muerte, que a todo humano sorbe,

sola esta rosa vaya eternizando.