Soneto a doña Alfonsa González, monja profesa en el monasterio de Nuestra Señora...
En vuestra sin igual, dulce armonía,
hermosísima Alfonsa, nos reserva
la nueva, la sin par sacra Minerva
cuanto de bueno y santo el cielo cría.
Llega el felice punto, llega el día
en que, si os oye la infernal caterva,
huye gimiendo al centro, y de la acerba
región, suspiros a la tierra envía.
En fin, nos convertís el suelo en cielo
con la voz celestial, con la hermosura
que os hacen parecer ángel divino;
y así conviene que tal vez el velo
alcéis y descubráis esa luz pura
que nos pone del cielo en el camino.