Soneto a Floris

By Leonor de la Cueva y Silva

Ausente estoy de tus divinos ojos;

en fin, ausente y lleno de desvelos;

si al ausencia cruel siguen los celos,

confieso, Floris, que me dan enojos.

¡Ay! ¡Quién gozara de tus rayos rojos

sin tantos sobresaltos ni desvelos,

pues mientras duran los nublosos velos

he de tener la rienda a mis antojos!

¿Cuándo se ha de acabar, Floris divina,

la rigurosa pena de no verte

y el cobarde temor de tu mudanza?

Que aunque eres en firmeza peregrina,

vive mi amor dudoso de perderte,

aunque más le sustenta la esperanza.