Soneto a la muerte de doña Isabel de Borbón
Este grandioso túmulo erigido,
fúnebre pompa de cristiano afeto
al más hermoso y al mayor sujeto
que injusto triunfo de la Parca ha sido
Este consigo mismo competido,
de lealtad y de amor piadoso efeto,
funesto ocaso es hoy del más perfeto
sol que gozar España ha merecido
Con un golpe mortal en breve instante,
al gran Filipo, su divina aurora
la Lis francesa, la beldad galante
quitó, llevó la muerte robadora
Mas si en eterno imperio más brillante
tantos de gloria grados atesora,
¿para qué España llora
a Isabel de Borbón, que muerta yace,
si al cielo Fénix inmortal renace?