Soneto a la muerte de su esposa

By Fernando Maristany

Aquel radiante sol que me mostraba

el camino del cielo llano y cierto,

que de mi corazón triste e inexperto

toda sombra mortal siempre ahuyentaba,

dejó ya la prisión en que se hallaba,

y ciego y solo estoy Con paso incierto,

voy como un peregrino en el desierto

al que falta la luz que le guiaba.

Con la alma triste y el juicio oscuro;

sus benditas pisadas voy buscando

por los montes y valles florecientes.

En todas partes verla me figuro;

ella toma mi mano y va guiando,

y mis ojos la siguen hechos fuentes.