Soneto a un amante preso
Prisionero infeliz, donde no expira
aura suave ni apacible viento,
mis penas lloro, mis desdichas siento,
que hiere un mal cuando otro se retira
Pájaro así que en libertad se mira,
sólo a su voz y a la del aire atento,
lamenta la prisión, gime al tormento,
cuando el perdido bien preso suspira.
Rigor fue de torturas, que previno
-tirana siempre de mi amor al fuego-
inhumana crueldad, bárbaros lazos.
Oh rapaz, tú en victoria peregrino,
¿por qué permites, pues te sigo ciego,
cadena injusta a mis amantes brazos?