Soneto a una dama que se embozaba siempre que veía a su amante
Levanta el manto de la noche fría
la mano blanca de la roja aurora
y el planeta, que nunca para, dora
las cumbres que primero ven el día
La oscuridad confusa se desvía,
la forma de las cosas se mejora
y el alba ríe, que aunque perlas llora
lágrimas hay que nacen de alegría
Sólo el alma, a quien niegan su luz pura
los ojos que cubrís en caos profundo,
habita triste y claridad desea
Deshaga, pues, su luz la noche oscura
y amaneced siquiera, porque el mundo
el mediodía en el oriente vea