Soneto chino

By Augusto E. Madan

¡Qué higiénico resulta el té Houlong,

mezclado con un poco de gin-seng,

cuando es del puro que recibe Weng

el mercader de efectos de Hong-Kong!

Comprendo que no teman a un Armstrong

los chinos de Tsung-Hái y de Tái-Yuéng,

de Kwansi, de Ning-Kiang y de Chung-Tiéng,

de Ning-Pó, de Nankín y de Souchóng

Bebido el té, me pongo el Smocking;

y fumando mi pipa de Kwantúng,

me paso un rato en el Skáting-Ríng.

Vuelvo a casa: reposo la Zeitúng;

y después de saber que aún vive el King,

pido el sueño a otra taza de Yuén-Súng.