Soneto (De la comedia Querer por sólo querer)
Amable soledad, muda alegría
que ni escarmiento ves, ni ofensas llora,
segunda habitación de las auroras,
de la verdad primera compañía.
Tarde buscaba paz del alma mía
que la vana inquietud del mundo ignoras,
donde no la ambición hurta las horas
y entero nace para un hombre el día.
¡Dichosa tú que nunca das venganza,
ni de palacio ves con propio daño
la ofendida verdad de la mudanza,
la sabrosa mentira del engaño,
la dulce enfermedad de la esperanza,
la pesada salud del desengaño!