Soneto espiritual de Silva

By Luisa de Carvajal y Mendoza

En el siniestro brazo recostada

de su amado Pastor, Silvia dormía,

y con la diestra mano la tenía

con un estrecho abrazo a sí allegada

Y de aquel dulce sueño recordada,

le dijo: «El corazón del alma mía

vela, y yo duermo; ¡ay, suma alegría,

cuál me tiene tu amor tan traspasada!

Ninfas del Paraíso soberanas,

sabed que estoy enferma y muy herida

de unos abrasadísimos amores

Cercadme de odoríferas manzanas,

pues me veis como fénix encendida;

y cercadme también de amenas flores »