Soneto persa

By Augusto E. Madan

Contando con la ayuda de Jheováh,

me interné por la estepa del Agréh,

llegando, sano y salvo, a Devayeh,

donde tuve el honor de ver al Shah.

Cubierto de riquísimo surah

y leyendo el grandioso Shah-Nameh,

hallémelo, de nuevo, en Boureydéh,

punto en que lo guardaba el padischáh

¡Pero que sol! ¡Ni el hielo de Sandóh,

ni los árticos musgos del Suróh

refrescan las llanuras de Ghutníh!

Entre abrasada arena fui a Barkúh,

y me embarqué asfixiándome en Tarkúh,

maldiciendo el calor de Osmanfalíh!