Soneto renunciando a la poesía después de la muerte de Filis

By Juan Meléndez Valdés

Quédate, adiós, pendiente de este pino

sin defensa del tiempo a los rigores,

cítara en que canté de mis amores

las gracias y el ingenio peregrino.

Guárdala, oh tronco, que honras el camino

por muestra de la fe de dos pastores,

do puedan cortesanos amadores

tomar lecciones de un amor divino.

Mientras la oyó viviendo mi señora,

con cuerdas de oro resonar solía,

y fieras crudas amansó su canto;

ya que el alma feliz los cielos mora,

y en esta tumba su ceniza fría,

cesen los versos, y principie el llanto.