Soneto VIII

By Esteban Manuel de Villegas

En este vaso, que forjó Vulcano,

obra por cierto de mi buen deseo,

brindis, Anacreón, que ya te veo

abrir la boca y extender la mano.

Que mucho pues que del cabello cano

trueques en rojo el venerable aseo,

lozano viejo estás; sin duda creo,

que sólo el brindis te volvió lozano.

Pues ola, en tanto que esta breve vida

del carro imita las veloces ruedas

tú de Bathylo; yo de Philigrave.

Al dulce dueño de esta vid florida

encomendemos la pasión suave:

que todo es sueño cuando amar no puedas.