Soneto
Despoja el cierzo al erizado suelo
del verde y hermosísimo atavío;
detiene el curso el presuroso río,
porque a sus sueltas aguas prende el hielo
El cielo, vuelto en nubes, muestra el velo,
el viento sopla proceloso y frío,
el mar, bramando con hinchado brío,
corrientes montes de agua sube al cielo.
Asoma la florida primavera,
y el campo, antes desnudo, adorna y viste,
sueltas las aguas, da templanza al viento.
Aclara el cielo, aplaca la mar fiera;
que al fin tiene mudanza el tiempo triste,
y espero la tendrá mi gran tormento.