Soneto
Diosa Phebea, que tu rayo puro
rompe la fuerza del nocturno velo
con cuya luz a los del bajo suelo
indicio das del resplandor futuro,
si la memoria del Amor perjuro
no ha muerto el tiempo con su presto vuelo,
también probaste el miserable duelo
que a mí me causa con su golpe duro
Y, si por ver a Endimión dormido,
cuando Apolo del mar se descubría
culpabas su venida presurosa,
cubre ahora tu rostro esclarecido,
que para desterrar la niebla fría
los ojos bastan de mi ninfa hermosa