Soneto
Cuando pienso, Señor, la repetida
ofensa a tu deidad por mi pecado,
te juzgo contra mi tan irritado,
que me borres del libro de la vida.
La oveja me consuela que perdida
volvió sobre tus hombros al ganado;
misteriosa figura del cuidado
que te cuesta la sangre redimida.
Esta oveja infeliz, hoy separada
de su sacro redil, suspira ansiosa
el dulce pasto de tu fiel manada.
No permita, Señor, tu poderosa
ardiente caridad, que prenda amada
sea del lobo presa vergonzosa.