Soneto

By Ignacio Luzán Pérez

Cuando pienso, Señor, la repetida

ofensa a tu deidad por mi pecado,

te juzgo contra mi tan irritado,

que me borres del libro de la vida.

La oveja me consuela que perdida

volvió sobre tus hombros al ganado;

misteriosa figura del cuidado

que te cuesta la sangre redimida.

Esta oveja infeliz, hoy separada

de su sacro redil, suspira ansiosa

el dulce pasto de tu fiel manada.

No permita, Señor, tu poderosa

ardiente caridad, que prenda amada

sea del lobo presa vergonzosa.