Soneto

By Ignacio María Acosta

Hay una Alondra en nuestro hermoso valle

que tierno atisba un cazador atento:

Ave divina cuyo dulce acento

al coro manda volador que calle

Y calla, y se suspende el escuchalle

que de la Alondra al divinal concento

plega sus alas de placer el viento,

y no hay ave ni flor que no avasalle

Triunfante su expresión desde su nido

el valle todo con su voz encanta,

y está el amor ante sus pies rendido.

Nada turba el trinar de su garganta,

y si suena en el bosque algún gemido

es de la voz del cazador que canta.