Soneto
El Canto encantador de la Sirena
que enamorado dulcemente encanta;
La Lira que en las obras, que levanta
el mar, dio a Ario que le sacó a la arena;
el plectro que al Tebano muro ordena
de grúa sirviendo al Cisne que en el canta
la suavidad de su sutil garganta
que a Eurídice libró de la cadena
La erudición del que en lugar de Clava
con la lengua venció por el oído
del rebelde Francés la referencia
Cifra en aquella maravilla octava
no a Mercurio al del Cielo preferido
para enseñar a España su Elocuencia