Soneto

By Juan Clemente Zenea

¡Dichoso el hombre que, sensible y tierno,

en la heredad de su familia espera

poder sembrar el grano en primavera

y recoger el fruto en el invierno!

¡Dichoso aquel que con placer interno,

celebrando una boda placentera,

elige por esposa y compañera

una vecina del hogar paterno!

¡Mas, ay, del triste quien la fiebre abrasa

y en tierra extraña suspirando siente

que muere el alma en eternal desmayo!

¡Oh, transportarme a mi paterna casa

y allí dejadme calentar la frente

del sol de Cuba al abrasante rayo!