Soneto

By Juan Eugenio Hartzenbusch

Puro y luciente sol, ¡oh qué consuelo

al alma mía en tu presencia ofreces,

cuando con rostro cándido esclareces

la oscura sombra del nocturno velo!

¡Oh! ¡cómo animas el marchito suelo

con benéfica llama! y ¡cómo creces

inmenso y luminoso, que pareces

llenar la tierra, el mar, el aire, el cielo!

¡O sol! entra en la espléndida carrera

que el dedo te señala omnipotente,

al asomar por las etéreas cumbres;

y tu increado autor piadoso quiera

que desde oriente a ocaso eternamente

pueblos felices en tu curso alumbres