Soneto
¿De qué sirven, Amor, ya tus saetas,
el corvo arco y mano rigurosa,
y la triunfante palma victoriosa
que hubiste del que rige los planetas?
¿Adónde está el poder con que sujetas
el mundo, sin jamás reservar cosa
de la fuerza robusta y poderosa
con que los libres pechos inquietas?
¿Qué me hace saber que puedes tanto,
y ser hijo de diosa y descendiente
de Iove, regidor del cielo santo,
si aquella dura que mi mal no siente
así despoja a mí de alegre canto,
y a ti de ser llamado omnipotente?