Soneto
En tanto que el avaro codicioso
llora la muerte del caudal perdido,
y el cortesano vive sin sentido
por ganarse el favor del poderoso,
y mientras sin quietud y sin reposo,
el ciego enamorado, enfurecido,
la vida acecha del rival temido,
arrebatado de furor celoso;
yo, lejos de tan mísero desvelo,
amo el ocio, la paz, la independencia
y sólo en la quietud mis dichas fundo,
los ojos abro libremente al cielo,
sin empacho los pongo en mi conciencia,
y no espero otro bien en este mundo.