Soneto
-Madre, esta pura sangre que me diste
cuando me concebiste y me criaste,
que hoy por el hombre se derrame y gaste
es justo, pues para eso me pariste.
-Hijo, aun paso ya tu pasión triste
dentro del alma mía que creaste,
¿por qué también de ese sangriento engaste
a mi cuerpo partícipe no hiciste?
-Porque si cuando yo tanto me humillo
al dolor, a la afrenta y al tormento
tu cuerpo en mi pasión me acompañara,
no hiriera tu alma con tan cruel cuchillo,
que es el mayor dolor que ahora yo siento,
y este dolor a mi pasión faltara.