Soneto
Morir ¡ay Dios! cuando en el noble foro
la Justicia sus palmas te ofrecía,
y a tu elocuencia varonil abría
la ley severa su inmortal tesoro
Y cuando el crimen vergonzoso lloro
tu poderosa voz verte hacía,
y la hollada inocencia sonreía
al recobrar por ti su alto decoro
Abrasaba tu rápida existencia
sed de justicia, sed devoradora;
y ¡oh inescrutable y santa Providencia!
Hoy el sol de Justicia eterno dora
el cielo para ti, y a su presencia
tu alma feliz estática le adora