Soneto
¿Ves, Gil, un hombronazo allí sentado,
de faz profana en sayo penitente,
tragar la tarta y chocolate ardiente
que la devota Flor le ha presentado?
Mírale bien, el Egoísmo ha hinchado
su panza; Estolidez hundió su frente;
y a efectos torpes arden la imprudente
llama de su mirar cese es Conrado
Nueve horas largas a la paz dedica,
de un sueño estrepitoso,; cinco yanta;
cuatro en el seno de hombre corrompido.
SE revuelca; y moral que no practica
con broca voz las otras seis decanta:
¡Seré piedra varón! ¡Qué santa vida!