Soneto
Que avive un leve ardor la competencia,
de inmensa llama, y de pasión divina,
cuando exceder mil penas determina,
todo un Dios, para ejemplo de paciencia.
Milagro es, pero es más que la dolencia
de Javier, que al tormento se destina,
parezca que a los golpes de su ruina,
va trasformando en Dios su misma esencia
¿Pues si crece el amor correspondido,
y se alivia el dolor en el amante,
cuánto el amado sus congojas siente?
Luego es nada en Javier lo padecido,
y es todo incendio un pecho tan constante,
que en él se aumenta amor eternamente.