Soneto

By Martín Goygoechea Menéndez

En la calma solemne de la noche

el férreo Mariscal por vez postrera

su ejército revista. Sobre el negro

manchón de las vecinas arboledas,

se distinguen los cuerpos alineados

como una tenue pincelada. Llegan

con el viento los débiles rumores

que alza el Aquidabán. Alguna enseña

deshilachada, trágica, en la brisa

se extiende como un ala gigantesca,

y sobre ese puñado de guerreros

-la última falange que le queda-

¡parece el alma de la Patria misma

llamándolos a sucumbir con ella!