Soneto
En globo azul, que el euro no violenta,
tranquilidades de su seno undoso,
no hallando en amarguras su reposo,
el pasajero en sed corre tormenta.
Javier Sagrado su desmayo alienta,
y a los clamores míseros piadoso,
solicita el licor venga precioso,
que socorra una pena que atormenta.
A Cristo invoca, de la Cruz pendiente,
cuyo costado (fuente a los mortales)
el bote de una lancha abrió con brío.
Bendijo el mar la Cruz, Sacro Tridente,
y como sintió el ponto en sus cristales,
aquella dulce fuente, se hizo río.