Soneto

By Paulo Gonzálvez de Andrada

Des que en lechos de zafir reposan

y que por sendas de cristal caminas,

derramando tus urnas cristalinas

en favor de las playas arenosas;

y desde que con fuerzas caudalosas

a conquistar el mar te determinas,

bañando tus corrientes peregrinas

de Ulisipo las márgenes famosas;

mientras, depuesta la arrogancia, hiciste

espejo sosegado el agua pura

que a tantas hermosuras ofreciste,

en cuantas viste, oh Tajo, por ventura,

en tantas años de camino, ¿viste

igual a la de Silvia otra hermosura?