Soneto
¡Oh paciencia infinita en esperarme!
¡Oh duro corazón en no querernos!
¿Qué esté yo cansado de ofenderos,
y no lo estéis Vos en perdonarme?
¡Cuántas veces volvisteis a mirarme
esos divinos ojos, y a doleros,
al tiempo que os rompía vuestro fueros,
y Vos, mi Dios, callar, sufrir y amarme?
¡Oh guarda de los hombres! Vuestra saña
no mostréis contra mí, que soy de tierra;
mirad a lo que es vuestro, y levantadle;
que no es deleite ya lo que me engaña,
sino costumbre que me vence en guerra,
pues por sólo pecar, peco de balde.